Con la elección de las mesas del Congreso y el Senado, ha comenzado sin sorpresas la duodécima legislatura.
La mesa del parlamento es un órgano de gestión y administración por lo que su composición, aunque sea muy importante, no es directamente política y tiene poco que ver con la investidura del presidente del gobierno. La influencia que tiene la mesa en la gestión del trabajo parlamentario hace que presidirla, o formar parte de ella, sea importante para todos los partidos.
En esa línea funcional es como creo que hay que entender las resultados de las votaciones, que tienen un valor escaso como precedentes de futuros pactos de investidura.
La única forma que tenía Cs para formar parte de la mesa era contar con el apoyo del PP, pues el PSOE no podía darle esta vez los votos necesarios. En contrapartida, el PP se garantizaba recuperar la presidencia de la cámara, que había perdido en la legislatura anterior, frente a un hipotético acuerdo del PSOE y UnPo. No tiene mucho mayor alcance, la situación era totalmente distinta a la del 20D, en la que la suma de escaños PSOE+Cs era superior al número de diputados del PP.
Otro tema que ha levantado muchas especulaciones, ha sido el voto que algunos diputados nacionalistas, catalanes y vascos, han dado al candidato de Cs para la vicepresidencia del Congreso. Hay que interpretarlo, una vez más, en clave más funcional que política en el sentido de conseguir grupo parlamentario, objetivo importante para el Partido Democrático de Cataluña (PDC).
Sin embargo Cs, que ha cometido el error de principiante de anunciar su abstención en la segunda ronda de investidura antes de tiempo, pone ahora el grito en el cielo por lo que quiere suponer que es un pre-acuerdo entre los nacionalistas y el PP, situación que les produce "alergia genética".
El debate de la presidencia ha permitido visualizar también un par de intentos chapuceros que, afortunadamente, han quedado en nada.
El primero fue la propuesta del PP de proponer a Jorge Fernandez Diaz, impresentable ministro del interior, como presidente del parlamento. Para presidir la cámara no basta con disponer de los votos, hay que tener una serie de cualidades que este ministro no tiene ni de lejos, es el ejemplo de un intento de dar una salida honorable a alguien que, casi con seguridad, no seguirá en el próximo gobierno. Cs, con buen criterio, no aceptó esta propuesta.
Otro aprendiz de brujo al que le ha salido el tiro por la culata es a Pablo Manuel I. Su jugada consistía en proponer a sus socio catalán Xavier Domenec para la presidencia del parlamento intentando con ello ganarse el apoyo de los nacionalistas catalanes con lo que su candidato pasaría a segunda vuelta y, supuestamente, pondría al PSOE en la tesitura de tener que elegir entre el candidato del PP y uno de "izquierdas" nacionalista. Los nacionalistas catalanes no entraron al juego y dejaron al gran manipulador con dos palmos de narices, una vez más.
Solo queda en esta fase previa de constitución parlamentaria, el tramite de formación de grupos parlamentarios en el que previsiblemente, asistiremos a los lamentos victimistas podemitas que querrán tener media docena de grupos para jugar con ventaja, como no los conseguirán, acusaran al parlamento de no respetar la voluntad de la gente.
Las negociaciones para la investidura de Rajoy siguen abiertas con independencia de los pactos descritos, que no son más que fuegos artificiales que iluminan mucho pero duran muy poco.
Otro tema que ha levantado muchas especulaciones, ha sido el voto que algunos diputados nacionalistas, catalanes y vascos, han dado al candidato de Cs para la vicepresidencia del Congreso. Hay que interpretarlo, una vez más, en clave más funcional que política en el sentido de conseguir grupo parlamentario, objetivo importante para el Partido Democrático de Cataluña (PDC).
Sin embargo Cs, que ha cometido el error de principiante de anunciar su abstención en la segunda ronda de investidura antes de tiempo, pone ahora el grito en el cielo por lo que quiere suponer que es un pre-acuerdo entre los nacionalistas y el PP, situación que les produce "alergia genética".
El debate de la presidencia ha permitido visualizar también un par de intentos chapuceros que, afortunadamente, han quedado en nada.
El primero fue la propuesta del PP de proponer a Jorge Fernandez Diaz, impresentable ministro del interior, como presidente del parlamento. Para presidir la cámara no basta con disponer de los votos, hay que tener una serie de cualidades que este ministro no tiene ni de lejos, es el ejemplo de un intento de dar una salida honorable a alguien que, casi con seguridad, no seguirá en el próximo gobierno. Cs, con buen criterio, no aceptó esta propuesta.
Otro aprendiz de brujo al que le ha salido el tiro por la culata es a Pablo Manuel I. Su jugada consistía en proponer a sus socio catalán Xavier Domenec para la presidencia del parlamento intentando con ello ganarse el apoyo de los nacionalistas catalanes con lo que su candidato pasaría a segunda vuelta y, supuestamente, pondría al PSOE en la tesitura de tener que elegir entre el candidato del PP y uno de "izquierdas" nacionalista. Los nacionalistas catalanes no entraron al juego y dejaron al gran manipulador con dos palmos de narices, una vez más.
Solo queda en esta fase previa de constitución parlamentaria, el tramite de formación de grupos parlamentarios en el que previsiblemente, asistiremos a los lamentos victimistas podemitas que querrán tener media docena de grupos para jugar con ventaja, como no los conseguirán, acusaran al parlamento de no respetar la voluntad de la gente.
Las negociaciones para la investidura de Rajoy siguen abiertas con independencia de los pactos descritos, que no son más que fuegos artificiales que iluminan mucho pero duran muy poco.







